miércoles, 2 de septiembre de 2015

Te odio, un montón

Estamos solos, como ese día en tu habitación que me arrinconaste contra la pared y casi me da algo ahí mismo, pero esta vez eres tu quien estás contra la pared y no me contento con simplemente mirarte, así que te beso, increíblemente lo hago bien por una vez y te abrazo y te quiero más cerca así que te quito la camiseta, te acaricio el cuerpo, te tiro del pelo y te muerdo los labios. 
Adiós pantalones, adiós ropa interior, te acaricio el miembro y te guío a la cama, te obligo a estirarte y me quito la camiseta antes de subirme y comértela, tomándome mi tiempo, lamiendo, chupando, puede que incluso te acaricie suavemente con mis dientes, esa idea me vuelve loca. 
Escalo tu cuerpo, te beso, me ayudas con mi ropa y te monto, lento, rápido, alternando ritmos, solo quiero escucharte gemir y sentirte vibrar bajo mi cuerpo. Te beso y te acaricio el cuerpo, siento tus manos en mis pechos y dejo escapar leves gemidos de placer mientras intento encontrar esa liberación que busco, tanto para mi misma como para ti, quiero ser capaz de darte placer, de darte lo que siempre me pides y me da miedo no conseguirlo, ese miedo de no estar a la altura me aterra más de lo que me gustaría admitir. 
Siento tus manos por todo mi cuerpo, nuestras respiraciones empiezan a acelerarse y noto como tu cuerpo se tensa así que aumento la velocidad y guío una de tus manos entre nuestros cuerpos para que me acaricies, quiero y necesito tus caricias. 
Siento como tensas tu cuerpo aun más y aumento el ritmo un poco más, un poco más, hasta que escucho como dejas escapar ese gemido que me provoca escalofríos y me dejo llevar entre gritos y gemidos hasta que dejar mi cuerpo caer sobre el tuyo.