domingo, 2 de diciembre de 2012

...queda mucho por decir, mucho por descubrir

Están predestinados.

“Te esperaré”

Volverán a estar juntos, cariño, acéptalo.

Me removí en la cama mientras los pequeños fragmentos de mi sueño atravesaban mi mente. Recordaba la voz de mi madre, recordaba la voz de mi padre, pero lo que no conseguía recordar era de quién era ésa voz que me repetía cada noche en mis sueños que me esperaría. Mi madre siempre me había dicho que ése misterio lo tendría que resolver yo solita, pero se me hacía un poco imposible cuando tenía millones cosas que hacer durante el día, entre ellas, asistir a clases como cualquier humano normal, cuidar se mis hermanos, que cada vez parecían ser más y más. No me malinterpretéis, no me quejo de tener hermano, me encantan estas pequeñas criaturas corriendo de un lado a otro por casa, sin la alegría de la familia, pero hay días en los que simplemente no los puedo soportar.
La puerta de mi habitación se abre de golpe, devolviéndome a la realidad, y antes de que me de cuenta, André, uno de mis muchos hermanos pequeños, esta sobre mi dándome mi beso de buenos días. André apenas tiene cinco añitos, y ya es todo un experto en hablar, según mis padres, es el primero que puede pronunciar más de dos frases seguidas a los cinco años, todo lo contrario de su gemelo, Angel, que es todo silencio. Angel solo habla con André y con papá y mamá. La única lengua que sabe es la lengua demoniaca, la cual me cuesta mucho aprender, aunque me esfuerzo.
Os preguntaréis que clase de chiflados son mis padres para enseñar a sus hijos la lengua demoniaca, o a que clase de secta pertenecen. Mis padres no son ni chiflados ni están en ninguna secta, mis padres son ni más ni menos que Gabriel y Astaroth, el ángel y el demonio. Ahora es cuando ponéis caras raras y me dais por loca, pero lo que os cuento es verdad. Hace unos cuantos años, un poderoso ángel, Uriel, se unió a un demonio para exterminar a toda la humanidad. Uriel decía que nosotros, los humanos, los hijos del equilibrio, estábamos destrozando el paraíso que ellos, los ángeles, tenían como misión proteger. Mientras que Uriel quería matar a toda la humanidad de un solo golpe, mi madre e mi padre estaban buscando un plan alternativo, un plan que consistía en volver a procrear los hijos del equilibrio pero sin matar a la humanidad. Nosotros, los nuevos hijos del equilibrio, tal y como dice nuestro nombre, tenemos como misión devolver la estabilidad a la tierra. Os preguntaréis como se supone que humanos como nosotros seremos capaces de cambiar el planeta, si os soy sincera, no tengo ni idea, mis padres no me lo han explicado nunca, aunque creo que no hay nada que explicar, nosotros simplemente tenemos que traer el equilibrio, devolver el mundo a su estado natural, tenemos que ayudar reconstruir lo que la humanidad que existió antes que nosotros destruyó.
Al principio éramos muy pocos, y que Uriel y su ayudante se dedicasen a matar algunos de los nuevos hijos del equilibrio no ayudaba, pero después de la muerte de Uriel y el castigo de Nebiros, las cosas estabilizaron, mis padres me tuvieron a mi, y los demás ángeles y demonios que colaboraban con el Grupo de la Recreación dieron a luz más de nosotros. No sé exactamente cuantos somos en total, pero al menos en mi casa viven diez sí, diez, creo que tendré que enseñarles a mis padres algo sobre métodos anticonceptivos, porque me parece que el decimo primero hermano está de camino. 
-¿Quieres venir al lago esta tarde? –pregunta André con una dulce sonrisa. Tienes las facciones de mi madre, pero los ojos de mi padre, un color entre verde y pardo, son inquietantes y dulces a la vez.
-Tengo que estudiar, André –digo con una pequeña sonrisa-, pero si puedo me pasaré.
-Siempre estás ocupada cuando te pido que vengas conmigo –se queja mientras se cruza de brazos-, sí te lo pide Ariel siempre vas.
Ariel es mi otra hermana, tiene tres añitos, y una manera de comunicarse muy curiosa, proyecta en tu mente imágenes de palabras, es una niña muy lista, no se esperaba nada menos de un arcángel y un señor de la Tinieblas, aunque el hecho de que Ariel tenga esta rara habilidad preocupa a mis padres, se supone que tenemos que ser humanos normales, no humanos con ciertas habilidades.
-Tengo que ir a la biblioteca después de comer –digo pensativa-, pero volveré antes de que se ponga el sol para darme un chapuzón contigo y con Angel, ¿hecho?
La sonrisa que esboza es respuesta suficiente para mí. André besa mi mejilla y baja como puede de mi cama para salir corriendo por la puerta mientras llama a Angel a gritos, obviamente, en leguaje demoníaco.


-¿Crees que tus padres te dejarán venir? –pregunta Zaphira mientras nos dirigimos hacía la salida de la biblioteca.
-No lo sé –dice Anna con el ceño fruncido-, son solo dos horas, pero España está algo lejos y a mis padres no les hace ninguna gracia eso de ir en avión.
Zaphira y Anna son mis mejores amigas, por no decir que son las únicas. Zaphira la conozco desde pequeña, como yo, es una de las hijas del equilibrio, en cambio Anna es humana, aunque no por eso menos importante. Al fin y al cabo sus antepasados nascieron del mismo modo que Zaphira y yo, la única diferencia es que Zaphira y yo somos, por así decirlo, de sangre pura.
-Mi madre insiste que vaya –digo distraída mientras pasamos las puertas automáticas de la biblioteca-, pero mi padre insiste en que no debo ir, no sé por qué.
-Bueno, siempre puedes preguntárselo, ambas sabemos que tu padre es bastante sociable, y más contigo que con cualquier ser viviente a la faz de la tierra –dice Zaphira con una mirada significante.
Cuando tenemos conversaciones como esta, Anna se siente completamente perdida, y lo siento tanto por ella. Ojalá pudiese explicarle lo que somos y lo mucho que cambiará el mundo, pero no es algo que pueda elegir, el grandioso Lucifer y el poderoso arcángel Miguel acordaron con que ningún humano se podía enterar de que éramos diferentes, como os dije antes, la única diferencia, es la pura sangre mezclada en nuestras venas. 
-Eso es porque soy su hija –replico de mala gana-, mi padre también habla abiertamente con mi madre –y le devuelvo la mirada con una pequeña advertencia de “cállate y deja ya el tema”.
-Ahí tienes un punto –dice Zaphira con una gran sonrisa.

-Cata, Cata –me sobresalto al escuchar la voz alarmada de André cada vez más cerca. Dejo mi libro y mis gafas de leer en el suelo, por muy hija de un ángel y un demonio que sea parece que la miopía afecta igualmente, y me levanto para ir a su encuentro.
-¿Qué?, ¿qué pasa? –pregunto preocupada.
-Angel –dice mientras intenta respirar-, él… él nadó lejos y no sé donde está y ahhh Cata, él está llorando, lo puedo sent… -no me quedo para escuchar más, sin pensarlo corro hacia el lago y le grito a André que vaya a buscar a papá o a mamá antes de meterme en el agua y nadar en busca de mi hermano.
Cuando estoy lo suficientemente lejos de la orilla me paro y miro a mi alrededor para intentar localizarlo, pero no veo a Angel por ninguna parte. No.
-¡Angel! –llamo a gritos-, Angel, ¿dónde estas, cariño?, dile algo a Cata, por favor.
Nada.
Desesperada, nado más lejos, y al cabo de unos minutos vuelvo a parar para mirar a mí alrededor. El ruido de las olas me impide escuchar nada más, si estaba llorando es imposible escucharlo.
-Angel, por favor –pido horrorizada-, di algo.
Más olas y nada.
Me preparo para nadar más lejos, pero entonces un pequeño susurro traído por el viento me eriza el pelo de la nuca. Angel. Nado a contraviento esperanzada, pero sigo sin verlo, solo puedo escuchar su grito. Grita Cat, una y otra vez, Cat, Cat, Cat… es su primera palabra en inglés y siento miedo.
-¡Angel! –grito, y de pronto, dejo de escucharlo. No, no, no, no, no-. ¡ANGEL!
Cierro los ojos y nado más y más rápido contraviento, buscando su voz. Estoy llorando, pero mis lágrimas se confunden con el agua que resbala por mi cara. Lo he perdido. He perdido a mi hermano.
De pronto me paro. Alguien me está mirando. Me doy la vuelta y tengo la sensación de que hay alguien sobre la roca a mi espalda, pero no veo a nadie, solo al pequeño niño que se sujeta a las piedras con fuerza mientras le sonríe a la nada.
-¡ANGEL! –grito con alivio. Y nado hacía la roca lo más rápido que puedo.
Es un gran pedrusco que desde que tengo memoria nunca ha salido de su sitio. De pequeña mi padre solía traerme aquí para enseñarme a nadar porque el agua era más clara y las olas del lago eran apaciguadas por la grandiosidad de la piedra. No tengo la menor idea de cómo ha podido llegar Angel, está bastante lejos de la orilla, pero no me importa, lo único que me importa es que está bien.
Trepo a la piedra y con una sonrisa le tiendo mi mano para que pueda bajar. Angel sonríe y de un salto lo tengo en mi regazo.
-Cat –dice con una media sonrisa mientras coloca su mano sobre mi pecho-. Cat Angelo –dice sonriendo.
-No, mi vida, se dice Angel, tu nombre, Angel –le digo con una sonrisa mientras lo abrazo con fuerza.
Angel niega con la cabeza y rodea mi cuello con sus bracitos. Nunca lo había visto tan contento, tan comunicativo, solo está así de contento con André, nunca antes me había sonreído como lo hace ahora, y me encanta. 
Debemos irnos, pero tengo miedo de volver al agua y perderlo, este ha sido el mayor susto de mi vida, y no quiero volver a pasar por lo mismo, quiero abrazarlo y no dejarlo nunca, pero Angel tiene otros planes, ya que aparta un poco de mi y me sonríe.
-Cat, Angel, Angelo –dice sonriendo. Entonces mira a mi espalda y frunce el ceño, como si hubiese alguien, pero cuando miro solo veo la roca.
Frunzo el ceño y vuelvo a mirar a Angel, quiero preguntarle con quien habla, quiero preguntarle que ve, pero apenas manejo la lengua demoniaca, y sé que no me entenderá si le hablo inglés, y aunque quisiese, no puedo, porque de la nada mi padre aparece a nuestro lado y Angel salta a sus brazos. Después de todo no tendré que volver a nadando a casa.
-¿Qué ha pasado? –pregunta papa, y cuando voy a contestar, Angel se me adelanta y le explica lo sucedido.
En momentos como este odio no hablar ni entender el lenguaje demoniaco. Hablo y entiendo con claridad más de 15 idiomas, y sin embargo, soy incapaz de aprender la legua materna de mi padre, cuan humillante es la vida. Entiendo mi nombre entre las palabras de Angel, y me da la sensación de que tarda más de lo que debería en contar lo sucedido, pero en nada acaba y veo como mi padre cierra los ojos y murmura un “gracias” antes de tenderme la mano y llevarnos de vuelta a casa, donde mi madre y todos mis hermanos, André incluido, nos esperan.
Es como si me hubiese ido de viaje durante más de un año y de pronto estuviese de vuelta, todos mis pequeños hermano y hermanas me abrazan a mi y a Angel, quien frunce el ceño ante tanta atención, al fin y al cabo, Angel odia ser “el centro de las atenciones”.
-¿Estas bien? –pregunta Shara con una mueca-. Estábamos muy preocupados.
Asiento con la cabeza y le sonrío a ella, Louis y Adam, quienes me miran igualmente con preocupación. Entonces todos los pequeños me rodean y empiezan a hacer millones de preguntas. Con el corazón aún latiendo más fuerte de lo normal, y una sonrisa en los labios los arrastro conmigo hacía el salón y me siento en el suelo para explicarles como fue la “increíble experiencia” según Samuel, mi pequeño hermano de seis años.
Todos están súper interesados, todos me miran con atención, y aunque como os dije, hay días en los que no los aguanto ni dos segundos, este no es uno de ellos, el susto que me llevé con Angel me dejó con los nervios a flor de piel, y no puedo imaginar como seria mi vida sin estos nueve pequeños diablos en mi vida. Cada uno tiene sus defectos pero los amo a todos, son parte de mi, parte de mi vida, son mi familia, y sé que sería capaz de cualquier cosa por ellos.
Seguro que os estáis volviendo locos intentando encajar esta información de que tengo nueve hermanos, seguro que os preguntáis como no me vuelvo loca, creedme, lo hago, es un lío,  aunque en el fondo es todo muy simple.
Empecemos por la pequeña Marie. Hace un mes más o menos que cumplió un año, y es la única que nunca se separa de mamá. Allá donde vaya mamá va Marie, yo creo que la pequeña Marie será una bella niña de cabellos castaños como mi madre, pero mi padre sigue insistiendo que sus cabellos serán rubios, casi blancos, como los suyos.
La pequeña Ariel de apenas tres años, es la única que tiene un “poder”, por así decirlo. Su primera palabra fue papá, pero no le gusta usar las palabras, siempre que quiere dirigirse a ti proyecta en tu mente una sucesión de imágenes que forman una frase, creo que es por esa pequeña razón que a Adam le gusta tanto hablar con ella.
De André y Angel ya os hablé un poco. André es el mejor en idiomas, habla más de los que pensé que existían, y eso que solo tiene cinco años, fue el que aprendió a hablar más rápido, a su edad, los demás solo eran capaces de decir pequeñas frases incoherentes. Angel como os dije, es lo contrario de André. Al ser gemelos, mis padres se sorprenden un poco de que uno hable tanto y tan bien y de que el otro apenas sepa hablar una lengua, pero André está haciendo un excelente trabajo ayudando a Angel con el ingles, ambos se complementan, y por mucho que discutan, se quieren mucho el uno al otro. En personalidad, son como dos polos opuestos, André es todo hiperactividad mientras que Angel es todo calma y serenidad, se ve quién se parece a la madre y quien se parece al padre.
Con apenas 6 años, Samuel es el más justo de todos. Siempre contrasta el lado positivo y el negativo de la situación y le ve solución a la mayoría de los problemas. Es un crack en matemáticas, y eso deja muy orgulloso a mi padre, que admite nunca haber podido pasar de las sumas y las restas, creo que mi incapacidad para las ecuaciones la heredé de él, porque repelo completamente a cualquier materia donde hayan números, pero Samuel en cambio es todo un experto, algo en mi interior me dice que llegará muy lejos, y quien sabe, puede que algún día lo llamen Doctor y todo.
Jahzeel es todo amor. Tiene 9 años y es la niña más dulce con la que podrás encontrarte. Tiene una gran adoración por los animales, y se vuelve loca cada vez que conoce una especie nueva, sea mamífero, insecto o anfibio, los ama. Gracias a ella tenemos dos gatos y tres perros compartiendo casa con nosotros, y su última adquisición como regalo de cumpleaños, un pequeño hurón llamado David.
Adam, de 13 años es el más pasota de todos. Nunca se mete en peleas, nunca se pelea con sus hermanos, nunca escucha. Le encanta leer, la soledad y el silencio, pero si lo necesitas, él siempre estará ahí.
Lo sigue Louis, el demonio de la familia. No es que sea un demonio, ni mucho menos, cuando lo miras lo primero que te viene a la cabeza es lo adorable que parece con sus cabellos rubios cubriendo su frente y sus ojos azules cristalinos brillando, pero Louis ha heredado más de mi padre que cualquier otro. Sabe ser bondadoso y compasivo, sabe diferenciar entre le bien y el mal, pero lo que más le cuesta es mantenerse quieto, sí, a sus 15 años Louis es hiperactivo.
 Shara es por así decirlo la chica organizada. Comparada conmigo, Shara es todo bondad y amor, creo que lo heredó de mi madre, y aunque apenas tenga 16 años, ya ha hecho más por este planeta que todos los ecologistas del mundo, tiene un único propósito en su vida, y es conseguir que el color verde predomine en el mundo, es una ecologista a toda regla, y quien no separe la basura en casa, se las verá con su gran carácter de ángel vengador.
Y por fin, por encima de todos estos diablillos estoy yo. Caterina, o más bien Cata. Mi padre dice que he heredado su carácter rebelde, y creo que no esta equivocado del todo. De todos mis hermanos, soy la más independiente, y no es porque sea la mayor –en una semana cumpliré mis dieciocho años-, mis padres desde siempre me dejaron mi espacio para mi y me dejaron tomar mis decisiones por mi misma. Tengo muy claro que quiero hacer, pero hay momentos en los que dudo plenamente de mi misma, y odio eso. Mi punto más débil, mis sentimientos. Cuando se trata de sentimientos, soy como Adam, un libro cerrado, pero cuando se trata de ayudar a los demás, soy una mezcla de Louis y André, pongo todo mi empeño en ayudar a las personas que me importan. Mi madre me ha dicho varias veces que algún día tendré que ser un poco egoísta y preocuparme primero por mí y después por los demás, pero si hago tal cosa, ¿como podré ayudar al cambio en este mundo?
Y bueno, esta soy yo. Aunque estoy segura de que os preguntáis como soy físicamente, bueno, no soy nada del otro mundo. Llevo mis cabellos largos, un poco más arriba de la cintura, son castaños tirando para el rubio que mi padre ve en todos lados  –de verdad, mi viejo de cabellos blancos tiene una gran fijación con los cabellos rubios-. Mis ojos son de un color bastante raro, oro viejo, lo llaman mis padres, mi piel esta levemente tostada por los últimos meses pasados en la playa y soy una cosita bajita, no más de metro sesenta, mi hermano Louis dentro de un año me sacará una cabeza seguro. Como os dije, nada del otro mundo.
-¿Quién es Angelo? –pregunta Samuel desde el sofá.
-Angelo no es nadie, mi vida –dice mi padre desde el marco de la puerta-, es solo que Angel pronunció mal su nombre –y tras dedicarle una mirada significativa a mi madre, ambos abandonan la habitación acompañados de Angel y Marie. 
No sé por qué, pero siento una extraña curiosidad, mis padres nunca se han mostrado tan misteriosos como ahora, y mucho menos me han ocultado cosas. ¿Le pasará algo a Angel?
Una sucesión de imágenes atraviesa mi mente de repente, haciendo que preste atención a Ariel, que está sentada en mi regazo. Acaba de preguntarme si tengo frío.
-No tengo frío –le digo con una dulce sonrisa.
-Estás temblando Cata –dice Adam mientras se levanta-, iremos a por una mantas y algo de chocolate caliente.
Y como si se hubiesen puesto en mutuo acuerdo, Shara, Louis y Adam abandonan la habitación, dejándome sola con los pequeños. Jazz, André y Samuel se han puesto a jugar los tres juntos, y la pequeña Ariel juega sola con su osito de peluche. Por mucho que me gustaría quedarme y unirme a mis pequeños hermanos, no es ironía, me encanta jugar con los pequeños, sea lo que sea que mis padres estén hablando más allá de la puerta del salón me llama como el queso al ratón. Me levanto y deposito la pequeña Ariel en los brazos de Jazz, pidiéndole que la cuide un momento, y atravieso el salón hacía la puerta. Como había sospechado, mis padres se han encerrado en el despacho de mi padre, lo que es normal, siempre están hablando de negocios y cosas por el estilo, pero normalmente Angel no va los acompaña. Me acerco de puntillas a la puerta entreabierta del despacho de mi padre, y contengo la respiración mientras escucho.
-Volverán a estar juntos, cariño, acéptalo –dice mi madre.
Me estremezco al escuchar sus palabras. Estoy segura de que ya las escuché antes.
-Saberlo es una cosa, aceptarlo es otra –replica mi padre.
-Hace años que lo has aceptado, y lo sabes, lo que te impide dejarla ir es la inmensidad de información que tienes sobre él, déjala ir, ya viste lo que pasó hoy, ellos…
-…están predestinados –concluye mi padre. Y entonces todo vuelve a mi. El sueño. Mis padres, sus voces. Una sombra, un abrazo, una frase, una promesa.
“Te esperaré.”


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vale, esto es... algo raro, algo mío, algo que no sé como apareció, solo, fluyó ...
Es la continuacion del libro Dos Velas Para el Diablo, un libro de Laura Gallego García, un libro que amé desde la primera página, un libro precioso, un libro que según he oído, no tiene continuación porque según la escritora, la historia habla de Cat, y la historia de Cat empieza y acaba en este libro. 

He sentido ésas ganas de escribir el reencuentro de Cat y Angelo, y bueno, espero hacerlo pronto, cuando terminen mis exámenes, gracias por leer *-* 



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