lunes, 25 de julio de 2011

*Entre Sombras y Sentimientos # Capitulo 5


La gota que colmó el vaso

15 de septiembre 2004
Manhattan, Nueva York

Por aquel entonces, deseaba con todas mis fuerzas poder volver a mi vida anterior. Quería seguir adelante y olvidar las dos últimas semanas del mes de agosto, pero por mucho que me esforzara no conseguía hacerlo. Había dejado de seguir a Ethan, y aunque sentía aun aquella idea de que tendría que tenerlo, decidí olvidarme de él, con la esperanza de olvidarme así también de aquel misterioso ángel que había aparecido en mi vida y que en apenas dos días la había girado patas arriba.
Por primera vez en toda mi existencia no estaba segura de que sentía ni de porque no sabía que sentía. No me entendía a mí misma, y fuese donde fuese, siempre había algo que me recordaba a los dos pequeños encuentros que tuvimos. Siempre había sido una chica segura y con las ideas claras, desde aquel primer encuentro me costaba mucho mas hacer las mismas cosas que hacía antes. Mi compulsión ya no funcionaba como antes, ya no ligaba con los chicos tan a menudo, y cuando lo hacía algo dentro de mí se revolvía y solo tenía ganas de estar sola y en tranquilidad, así que acababa diciéndoles a los chicos que me iba, o simplemente los dejaba plantados.
Aquella noche era una de aquellas. Había conocido un chico. Era tal y como a mí me gustaban los humanos, se hacia el duro, era chulo, e intentaba ocultar sus gustos con sus comentarios de graciosillo. Estábamos bailando en la pista de baile, y cuando el insinuó que podríamos ir a su casa, algo se sacudió dentro de mí y de repente me sentí observada. Me volví de golpe y mire a mis espaldas, pero no había nadie. Intente concentrarme otra vez en seguir bailando con el chico, el cual no sabía siquiera el nombre, pero cuando me relajé un poco volví a sentir aquella sacudida y aquella sensación de que alguien me observaba. Por segunda vez volví a girarme y esta vez localicé a alguien en la puerta que me observaba. Al principio pensé que era el ángel que volvía para molestarme con sus misiones, pero después me fije mejor y vi que no se le parecía en nada. Llevaba el cuerpo cubierto con una capa y tenía una capucha echada sobre su cabeza, la cual dejaba su cara en sombras, exceptuando sus verdes ojos. Sin necesidad de ir más lejos me di cuenta de que era un brujo, y no un brujo cualquiera, era Nash, ni más ni menos que el brujo personal de Julien. Me estremecí al recordar a este último. Hacia un montón de siglos que no oía hablar de Julien, pues la última vez que lo vi le robé, y había estado más de dos siglos huyendo de sus sirvientes. Concluí que por fin se dio por vencido cuando recibí una nota de fuego de su brujo, Nash, diciendo que era una de las mejores de mi especie y que ya casi no le quedaban sirvientes dispuestos a enfrentarse a mí, a partir de ese día había dejado de huir y había intentado restablecerme en algún lugar. Dudaba que la presencia de Nash justo allí y justo en aquel momento fuese por pura cortesía.
Me deshice de los brazos del humano que me rodeaba y me dirigí hacia la puerta. El humano me tomo del brazo y me miro molesto antes de preguntar que me pasaba. Ni me moleste en contestarle y le deje inconsciente con un golpe, atravesé la multitud lo más rápido que pude y salí a fuera.
La luna brillaba en lo alto del oscuro cielo que cubría la ciudad, la calle estaba iluminada por unas cuantas farolas, y lo demás eran sombras, sombras y oscuridad. Mire a mi alrededor, buscando a Nash, pero no se le veía por ningún lado. Estaba todo normal.
Cuando me disponía a entrar en el bar un ruido llamo mi atención. Escudriñé la oscuridad por segunda vez aquella noche, y no vi nada, pero sin embargo el ruido volvió a sonar en mis oídos, más fuerte. Cuando empecé a seguir el ruido este cesó. Me paré de golpe y esperé.
Agudicé mis sentidos y me concentré en encontrar la procedencia del ruido. Lo podía sentir todo. Desde el alto volumen de la música hasta el mínimo movimiento. Poda escuchar los pensamientos de media ciudad, y decidí buscar a Nash, pero entonces fue cuando volví a sentir aquel ruido, que dejo de ser un ruido para convertirse en un gruñido. Me di la vuelta y mire al otro lado de la carretera. Más allá de los coches, más allá de la carretera estaba un perro. Y no era un perro cualquiera, era Sep, el ghul de Nash.
Sep me observaba atentamente, atento a cualquier movimiento que hiciese. Aunque podía leer las órdenes en su mente, no podía en absoluto controlarlo. Nash era astuto, estaba segura de que había protegido la mente de Sep con algún hechizo raro de los suyos. No hice ademán de moverme, pero poco a poco empecé a retroceder. No estaba de humor para enfrentarme a Sep, no en aquellos momentos y no en aquel estado. Si Nash queria algo conmigo tendría que presentarse ante mí.
Al cabo de un rato Sep retrocedió, dejando paso a Nash, quien acababa de echar la capucha hacia atrás dejando al descubierto unos rizos negros que le caían sobre los ojos.
-Katherina –dijo con un asentimiento de cabeza-. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
Atravesé la calle y me plante delante de él.
-No lo suficiente –dije adoptando una postura de aburrimiento-. ¿Qué quieres Nash?
-¿Qué quiero? –preguntó con una carcajada-. Como si no lo supieses desde hace milenios –se acercó a mí y me miro a los ojos-. Julien no se ha olvidado de tu pequeña traición, le dolió mucho que le mintieras –dijo mientras colocaba uno de mis rizos detrás de mi oreja-, y también que le robases todo el trabajo que años le había costado conseguir.
-Yo no le robe nada –dije mientras apartaba su mano con un gesto violento-. Salvé una vida que vosotros ibais a sacrificar, mejor dicho, salvé dos…
-¿Te estas escuchando? –pregunto asqueado-. Dices que has salvado dos vida, pero lo único que hiciste fue ponerlos en más peligro, la cagaste. Julien está más que enfadado. A tu amiguito lo matará en cuanto lo encuentre, puedes estar segura de ello, y en cuanto al animal, Julien se pregunta cómo es que aún no murió.
Empecé a acercarme a él cada vez más, y pude ver miedo reflejado en el rostro de Nash. Usualmente él no me tenía miedo, sus poderes siempre fueron superiores a los míos, pero él sabía tan bien como yo que no era buena idea hacerme enfadar, por mucho que me superara en poderes, yo podría llegar a ser mucho más peligrosa que él.
Me sentía algo confundida por sus palabras. Entendía que quisiese matar a William, pues yo le había liberado de una muerte segura, pero cuando dijo que Julien se preguntaba cómo es que Sergio aún no estaba muerto, me alarmé.
-Dile a Julien –dije mientras le acorralaba contra la pared de un callejón-, que como ose poner un dedo encima de William las pagara bien caras. Y cuanto a Sergio, está vivo y coleando. ¿Cómo quieres que esté muerto? Es mi ghul, y aunque no dejaría que le pusiesen la mano encima bajo ningún concepto, es imposible que s…
Los ojos de Nash pasaron de demostrar miedo a demostrar estupefacción.
-¿El cuervo es tu ghul? –preguntó incrédulo, interrumpiéndome.
Puse los ojos en blanco, retrocedí dos pasos y empecé a alejarme dándole la espalda. Estabas dispuesta a irme cuando sus pensamientos me golpearon, al igual que sus palabras.
sus pensamientos eran frases sin sentido, al igual que sus palabras.
-No puedes.. él no puede, tiene que morir...
Golpeé su mente lo más fuerte que pude y me planté delante de él en apenas unos segundos.
-Ni te atrevas -le amenacé-, a ponerle una mano encima a Sergio. ¡Que baje Dios y e salve si lo haces!
Aun así, Nash no dejaba de farfullar cosas sin sentido. Le miré como si estuviese loco, y fue entonces cuando su puño salió disparado contra mi mandíbula.
-Zorra -dijo mientras las llamas de su poder lo envolvían-, no vuelvas a amenazarme o te juro que te mataré.
Alcé la cabeza y le sonreí.
-Me gustaría verte intentándolo -dije escupiendo sangre a sus pies-. En cuanto me toques Julien se enterará, y si no te mata Sergio, lo hará él. Escribes tu propio destino.
Enfurecido, Nash arremetió fuego contra mí, pero en ese instante materialicé mi espada y aplaqué el golpe con ella. Avancé hacía él espada en mano y lo ataqué, pero él esquivó mis golpes. Estuvimos así unos minutos, hasta que sentí que mis poderes empezaban a desvanecerse. ¡Maldito Nash y sus trucos de magia! Lo ataqué furiosa y esta vez acerté, cortándole el cuello. Con una mueca se estremeció, y la herida empezó a sanarse, pero sanarse le tomaría tiempo, así que aproveche para traer mis poderes de vuelta. Dejándome completamente indefensa, sentí como una fuerte mandíbula se cerraba sobre mi costado izquierdo, haciéndome caer en el piso.
Ahora si que no podría recuperar mis poderes, el dolor me lo impedía, y por mucho que quisiese, no podía ahuyentar el dolor. Aun podía sentir como Sep desgarraba mi ropa y me mordía una y otra vez en el mismo sitio.
Intenté alzarme para buscar a Nash con la mirada, pero no lo veía por ninguna parte, entonces, ¿cómo era que Sep seguía aquí? Reuniendo todas mis fuerzas me giré boca abajo apartando a Sep de una patada y me puse de rodillas aguantándome en mi espada. ¿Dónde estaba Nash? Fue como si alguien me respondiese, llamas chasparrearon en el cielo y alzando la vista pude ver como Nash luchaba contra... ¿un ángel? Dolorida, volví a caer al piso, y al caer, dejé que mi espada se desmaterializase. Genial, ahora no tenía nada con que defenderme, la cabeza empezaba a darme vueltas y apenas podía ver lo que tenía delante.
Me di la vuelta con una mueca y me quedé contemplando la batalla que tenía lugar justo encima de mi. Sólo podía ver destellos de luz, azules y verdes. Al cabo de un rato, los destellos cesaron, y vi como algo blanco se acercaba a mí. Unas alas. Una cara apareció ante mi vista y me dijo algo que no pude escuchar, y cuando sentí que mi cuerpo era alzado del suelo, perdí la consciencia.

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