miércoles, 4 de mayo de 2011

Entre Sombras y Sentimientos # Capitulo 3

El inicio

21 Agosto 2004
Manhattan, Nueva York


La calle estaba completamente desierta de coches, y solo se podía escuchar el repiqueteo de mis tacones contra el suelo y nuestras respiraciones algo aceleradas por el elevado volumen de la música al que habíamos estado sometidos hacía un rato en la discoteca.
-¿Vives muy lejos? –preguntó Ethan con una sonrisa.
-En el hotel ése que hay al otro lado de la manzana –dije con un asentimiento de cabeza.
-¿Vives en un hotel? –preguntó sorprendido.
-¿Hay diferencia entre un hotel y una casa? –pregunté con una sonrisa triunfante.
Ethan no contestó, pero pude ver que su respuesta era sí. Lo que le pasaba era que no quería quedar mal diciendo que no había nada como el hogar, como la casa donde nascías.
-¿Cómo es… estar siempre cambiando de ciudad? –preguntó después de unos minutos de silencio-. ¿No se te hace incomodo? Tener que cambiar siempre de ciudad, llevar equipaje…
-Pues la verdad es que no –dije con una sonrisa burlona-. No te diré que no tiene sus inconvenientes, porque los tienes, pero a mi me encanta viajar y sobretodo conocer a gente nueva, sobre todo si son chicos –Ethan se limitó a sonreír y aminorar el paso-. Veo que tienes poca prisa por llegar –comenté con una sonrisa.
-Me gusta la compañía.
Sonreí satisfecha y tomé su mano con la mía. El resto del camino lo hicimos en silencio, Ethan se debatía mentalmente entre pasar la noche conmigo o irse a casa y yo me estaba divirtiendo mucho escuchando sus pensamientos.
Podía sentir que Sergio ya había llegado a la habitación del hotel y nos observaba desde el balcón. Estábamos a apenas unos pasos de la entrada del hotel, y el debate interno de Ethan se volvía cada vez más interesante, pero lo tuve que interrumpir.
-Hemos llegado –dije colocándome delante suyo.
Ethan alzó su mirada hacia mí y sonrió. Estaba seguro de que le invitaría a venir conmigo.
-Supongo que llegó la hora de la despedida –dijo cogiendo mis manos en las suyas y acercándose un paso más.
-No tenemos porqué despedirnos –susurré acercando mi cara a la suya-, siempre puedes acompañarme a mi habitación…
-¿Tienes miedo de perderte? –preguntó con una pequeña sonrisa.
Rocé mis labios contra los suyos y justo cuando sentí que él se lanzaba a besarme me aparté de él y le sonreí.
-Puede… -dije, y entré en el hotel tirando de él.
Pasamos por recepción y nos dirigimos directamente hacía los ascensores. Le di al botón y en apenas unos minutos un ascensor apareció para llevarnos. Una vez dentro saqué una llave del pequeño bolsillo que tenía mi vestido y la metí en la cerradura que estaba ubicada justo al lado del botón que indicaba el último piso.
En cuanto la puerta se cerró Ethan me apresó por las muñecas y me empujó hacía la pared que tenía a mi espalda. Aunque me tomó algo de sorpresa me dejé llevar y dejé que me besase.
-¿Estas hospedada en la suite real? –preguntó sobre mis labios.
-¿Importa? –pregunté burlona rodeando su cuello con mis brazos y besando sus labios.
-La verdad es que no –susurró antes de besarme ferozmente.
Le devolví el beso, aferrando su cabeza con mis manos, impidiéndole apartarse de mí. Una de sus manos apretaba mi cintura contra su cuerpo, mientras que la otra me acariciaba el muslo alzándolo levemente.
Cuando llegamos a la última planta y el ascensor se paró Ethan apartó su boca de la mía y me miró. Dio un paso atrás tirando de mi por la cintura para que le acompañara. Saqué la llave de la cerradura antes de abandonar el ascensor y entré en la suite. Dejé la llave sobre la pequeña mesa que había al lado de la puerta del ascensor y guié a Ethan por la suite. Entramos en lo que yo llamaba el salón y Ethan se sentó en el brazo de uno de los sofás.
-Estas como en tu casa –dije acariciándole el pelo-. Ahora vuelvo –y le empujé hacía tras, haciendo que cayese de espaldas sobre el sofá.
Atravesé el salón y la habitación y me dirigí hacía el baño. Me miré en el espejo y sonreí. Era una costumbre, no sé ni porque fui al baño, supongo que lo hacía para hacerlo sufrir un poco. Al cabo de unos minutos volví al salón con intención de arrastrar al humano a mi habitación y hacerle pasar la mejor noche de su vida, pero al entrar en el salón me paré de golpe. De pie en mi salón estaba ni más ni menos que un ángel, Mathias.
Llevaba un elegante traje de pantalón negro y una camisa blanca con los puños arremangados y con los tres primeros botones desabrochados. Sostenía su espada angélica en la mano izquierda y su expresión era fría y calculadora. Aunque no podía ver sus alas gracias al hechizo de envoltura, estaba segura de que las tenía desplegadas.
-¿Quién coño eres? –pregunté enojada.
-Deja al humano en paz –dijo en respuesta.
En ese momento lo primero que se me pasó por la cabeza fue que se había vuelto loco, pues nunca antes un ángel se había atrevido a atacar un demonio en su lugar de residencia.
-¿Si no lo dejo en paz me matarás angelito? –pregunté con asco.
Él sonrió y dio un paso hacía mi con la espada en alto.
-Pues puede que si –dijo-. Es mi misión proteger a ése muchacho y una asquerosa demonio como tú no me fastidiará el trabajo.
-¿Misión? –pregunté en una carcajada-. ¿Ahora tenéis misiones?
-Eso no es de tu inconveniencia –dijo fríamente, y dio otro paso hacía mí. Su espada quedó a apenas unos centímetros de mi cara, lo que hizo enojarme bastante en aquél momento, pero no contraataqué, sólo aparté mi cara de la trayectoria de su espada y le miré.
-Pequeño ángel –dije coqueta-, estás en mi territorio, e si me matas irán a por ti. Por no mencionar que puedo hacer que te claves ésa espada a ti mismo con solo pensarlo, así que ¿porque no te das la vuelta y me dejas en paz con mis cosas?
Le dediqué una sonrisa encantadora y señalé el balcón, dónde Sergio seguía posado sobre la barandilla, observándonos.
Él me dio la espalda y pensé que se iba a ir, pero entonces se giró hacía mi de golpe y sin que apenas me diese cuenta estaba de espaldas a la pared con su espada a apenas unos milímetros de mi garganta. Estaba algo sorprendida por su ataque y no supe que hacer, pero para eso servían los ghuls. Sergio estaba en el suelo a apenas unos metros de nosotros y estaba empezando a manipular a Mathias.
-Sergio, no lo hagas –dije mirándolo por encima del hombro de Mathias-. Este caballero solo está algo confundido –miré a Mathias-, ya se iba…
-No me tomes el pelo chiquilla –dijo amenazadoramente-. Puedo cortarte el cuello en apenas segundos…
-Puedes –dije alzando una mano y colocándola sobre su mano izquierda-, pero no lo harás.
El contacto facilita la compulsión, así que con solo transmitirle el pensamiento de que él abría la mano y dejaba la espada desmaterializarse, lo hizo. Entonces actué, y cogí sus muñecas entre mis manos. Evalué las posibilidades de girarlo y meterlo de espalda a la pared, pero estaba segura de que si lo hacía, él acabaría por tomar el control, así que me impulsé hacía delante, empujando su cuerpo y haciendo que cayera de espalda en el suelo, llevándome con él.
Él se revolvió debajo de mí e intentó sacarme de encima, pero tenía las manos completamente inmovilizadas y lo único que podía hacer con sus piernas era rodearme la cintura, lo que no le serviría de mucho en aquel momento.
-¿Qué coño haces? –preguntó enojado.
-Ahora ya no pareces tan amenazador pequeño ángel –dije mientras le obligaba a colocar las manos por encima de la cabeza y me sentaba sobre su cintura sin dejar de cogerle de las muñecas.
Sergio se había apartado, y estaba sobre la mesa picoteando un trozo de pan que allí había, por lo visto, ya no estaba tan preocupado. Con una sonrisa burlona acerqué mi cara a la de Mathias.
-Mira tú por donde, me ligo a un humano y acabo la noche con un ángel, es un buen partido ¡¿eh!?
-Vete al infierno –dijo girando la cara hacia a un lado.
Sergio alzó la cabeza de golpe y me miró, entonces supe que iría a pasar, Mathias iría a usar sus poderes conmigo.
-Yo que tú no lo haría –le advertí antes de que siquiera pudiese atacarme-. Puedo quitártelos, o simplemente meterte en la cabeza la idea de que no lo uses, aunque esto último es más complicado con un ángel, pero es posible.
Mathias me miró desconfiado pero acabó por no actuar y simplemente preguntar:
-¿Que poderes tienes?
Podía escuchar como se decía a si mismo que manteniéndome hablando se desharía de mí, estaba muy equivocado.
-Unos que tú nunca sabrás –dije burlona-. ¿Qué tan interesado estás precioso? –susurré contra sus labios.
-Mucho… -me susurró antes de besarme.
No era la primera vez que besaba a un ángel, pero ésa vez sentí algo diferente, algo que aún no sé expresar en palabras, pero fuese lo que fuese me hizo perder el control. De mí, y de la poca influencia que tenía en la mente de Mathias, y así solté sus manos. Sentí como Sergio se ponía alerta por si Mathias decidía atacar, pero no lo hizo.
Sus manos se posaron sobre mi cintura y apretaron mi cuerpo contra el suyo mientras sus labios besaban ferozmente los míos.
No recuerdo muy bien cuanto tiempo estuvimos así, besándonos, pero al cabo de un largo tiempo me alcé sobre un codo y le miré a los ojos, entonces fue como si algo le devolviese a la realidad, tomó mis muñecas y giró sobre si mismo, haciendo que ahora me quedase yo de espalda en el suelo.
-Podría matarte justo ahora…
Y no iba por el mal camino, podría haberlo hecho, yo ya no influía sobre él lo más mínimo, no encontraba el control de mis propios poderes.
-Pero no lo harás –susurré mirándolo a los ojos.
Mathias acercó su cara a la mía y se me quedó mirando.
-¿Cómo estas tan segura? –preguntó fríamente al cabo de unos segundos.
-Me deseas… -susurré antes de morderle el labio inferior.
Volvía a recuperar el control sobre mi misma, y en ése momento, al meterme en su mente, sus pensamientos me golpearon con una fuerza extraña.
-Te odio –me dijo antes de levantarse y desaparecer por la ventana.
Su mente no decía lo mismo.
Ésa fue la primera noche en mucho tiempo que no pude dormir.

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