miércoles, 20 de abril de 2011

*Entre Sombras y Sentimientos # Capitulo 1

Un encuentro inesperado
Actualidad

Me sentía confundida, fuera de lugar y estúpidamente impotente. ¿Qué se suponía que haría ahora? ¿Correr hacia él y hacer como si nada hubiese pasado? No, eso sería demasiado, ni siquiera me había hecho aun a la idea de que no había muerto de verdad, pero… resultaba tan raro, lo había sostenido entre mis brazos, apenas unos segundos pero lo había tenido allí, inerte, en mis manos.
Ladeé la cabeza hacía un lado y me levanté. ¡Algo tendría que hacer! Empecé a caminar hacia el salón, pero en cuanto di unos pasos Sara saltó de la cama y se colocó delante de mío. Así que había más, pensé.
Y no estaba equivocada, Sara tenía algo más que enseñarme. Me concentré en ella y poco a poco me dejé fluir por su mente. Me pregunto cómo habría podido cuidar y entender a Sara si no tuviese el poder de la telepatía. Era algo raro meterse en la mente de un ghul de otra persona, porque siempre acababas recibiendo pensamientos y sensaciones tanto de la persona como del ghul, lo que al final acababa por ser molesto y daba fuertes dolores de cabeza.
En la mente de Sara sólo había una única imagen, y la verdad no era la imagen que esperaba ver. Era yo… de pie mirando hacía Sara sentada a mis pies. Comprendí entonces que veía a través de los ojos de Mathias, quien estaba a apenas unos pasos de mi. Hacía tanto tiempo que me había acostumbrado a su presencia que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba en la misma habitación. Cerré los ojos con fuerza y rompí el lazo que Sara había atado entre mi mente y la de Mathias. Quería verle, quería tocarle, y estaba a punto de hacerlo, estaba a punto de echar a correr hacía sus brazos y abrazarlo, pero su expresión me detuvo. Estaba distinto, sus ropas no desprendían aquella libertad de antes, y su expresión era fría y calculadora, como si estuviese a la espera de que yo o Sara le atacásemos, pero eso no fue lo que más me inquietó, lo fueron sus ojos. Aquél gris azulado que brillaba siempre en su iris había desaparecido y le remplazaba un intenso negro.
Me quedé como paralizada mirándolo a la cara, y tarde advertí que se aproximaba blandiendo su espada angélica. Apenas tuve tiempo de apartarme de la trayectoria de ésta cuando ya volvía a atacarme. Salté hacía atrás y le miré atónita, aunque lo que más me sorprendía era su mente, vacía de todo tipo de recuerdos. Seguí retrocediendo ante sus ataques, hasta que choqué contra la cama de la habitación. Aunque intentaba controlarme, la rabia empezó a aflorar por mí, y aunque sabía que aquél no era el Mathias que yo había conocido, no pude aplacar las ganas de devolver todos y cada uno de sus ataques. Alcé la mano abierta hacia arriba, y cuando la cerré sujetaba mi espada.
-Yo que tu no daría ni un paso más –dije alzando la espada en su dirección.
-¿Por qué pequeña? –preguntó con una sonrisa que me heló la sangre-, ¿me matarás?
-Me has subestimado una vez –dije lo más fríamente posible-. No lo vuelvas a hacer.
Por un momento la duda se asomó por su rostro, pero enseguida su rostro esbozó furia.
-No juegues conmigo –dijo avanzando con su espada en alto. Estaba a una buena distancia de mí, pero nuestras espadas casi se tocaban-. Me advirtieron sobre lo que puedes hacer, así que ni se te ocurra meterte en mi cabe…
-¿Y no te contaron lo que puedes hacer tu? –pregunté enrabiada-, ¿no te contaron lo que puedes hacer tu?
-¡Cállate! –me chilló mientras dejaba su espada caer y desvanecerse y se llevaba las manos a la cabeza.
Le miré algo sorprendida, pero en apenas segundos entendí que le pasaba. Su mente era un enorme hervidero. Había recuerdos vagando de un lado a otro, y también órdenes que resonaban una y otra vez.
"Eres una nueva generación de lo que somos nosotros."
"Tu misión es exterminarlos a ellos sin miramientos."
"Sabemos que puedes hacerlo."

Sacudí al cabeza y le miré atónita. ¿Qué le habían hecho? ¿Quién era él? Antes había advertido que estaba diferente, bastante diferente, pero la cosa era peor de lo que había pensado. Le habían borrado los recuerdos, y le había hecho como… ¿un lavado de cerebro? Aquí había algo más que un simple cambio por parte de Mathias, además… yo le había visto ¿morir?
Oh mierda, ya no estaba ni segura de lo que había visto con mis propios ojos… aunque… su poder era distinto y él podría muy bien haberse… no, eso era imposible, pero a fin de cuentas él no había muerto del todo. Tal vez si me hubiese quedado con él, y hubiese intentado usar su poder con él…
Me sacó de mi ensoñación el repentino aleteo de las alas de Sergio, quién acababa de entrar velozmente en la habitación y desde el suelo a mis pies miraba fieramente a Mathias, quién había recuperado su espada y amenazaba con volver a atacarme.
-Sergio no lo hagas… -dije alzando una mano. Sergio era un buen controlador de mentes, y aunque yo no pudiese controlar la de Mathias, él si podía hacerlo. Pero claro, Sergio nunca desobedecería una orden mía, a menos que encontrase que era sumamente importante hacerlo.
Mi espada se había desmaterializado sin que apenas me diese cuenta, pero ya no me importaba, seguía teniendo mis poderes y Mathias siempre había sido mejor espadachín que yo así que no me servía de mucho la espada.
Sergio alzó vuelo y se posó sobre mi hombro, enterró su pico en mis cabellos y maneó dos veces la cabeza.
Mathias seguía con la mirada fija en mí y en Sergio, y su expresión era de total desconcierto. Alcé una mano y la coloqué ante mi hombro. Sergio se subió a mi dedo índice y me miró.
-Tranquilo, no pasará nada, tu protégete lo mejor que puedas y vuela lo más rápido que puedas. Encuentra a William. Él es el único que puede sacarme de aquí y llevarme lejos. Nos vemos en su casa…corre.
Sergio salió volando por la ventana de la habitación antes de que siquiera Mathias pudiese verlo hacerlo, pero en cuanto Mathias se dio cuenta de que yo volvía a estar sola, volvió a atacarme. Salté hacía atrás, y aterricé sobre la enorme cama que reposaba en el centro de la habitación, Mathias volvió a atacar, y yo volví a saltar. Mis pies tocaron el suelo justo cuando su espada cayó sobre el colchón, y las plumas volaron por los aires.
Alcé las manos hacía adelante, como diciéndole que estaba desprovista de cualquier tipo de arma, y mirándole a los ojos le pregunté quién era.
Mathias alzó su espada hacía mí, y aunque estaba del otro lado de la cama la espada quedó a apenas unos centímetros de mi rostro, tan cerca que incluso podía sentir el calor que emanaban las llamas azules que la lamían.
-No intentes jugar conmigo –susurró-. No juegues conmigo.
-Mathias yo… -me arrepentí al momento de haber pronunciado su nombre, pero ya era demasiado tarde-, yo no estoy jugando contigo. Es cierto que puedo ver todo lo que piensas, que puedo borrar y crear recuerdos en tu mente, también puedo obligarte a hacer cosas por mi… pero hace tiempo que no te manipulo.
La espada tembló en su mano y unos segundos después desapareció.
-¿Cómo sabes mi nombre? –preguntó sorprendido-. ¿De qué me conoces?
-Yo… -estaba dispuesta a empezar un largo relato, el largo relato de nuestra historia, todos los viajes, peleas, discusiones, y sobre todo, las sorpresas de reconciliación, todo… pero no podía, no ahora, ni en ése lugar, y mucho menos en aquellas condiciones.
Agradecí la triunfal entrada de William en ése momento, porque de no haber sido su presencia ya me habría echado a llorar. Mathias seguía esperando una respuesta por mi parte, podía sentir cómo se impacientaba cada vez más, y como se debatía consigo mismo. ¿Atacarme o no atacarme? Ésa era la cuestión que vagaba por su mente. Sentía que me reconocía de algo, y aunque no supiese mi nombre ni nada sobre mi, había algo dentro de él que me reconocía, pero las ordenes en su mente eran claras, y hacían un fuerte contraste ante el recuerdo de mi.
Al ver a William aparecer de la nada, se pudo alerta, pero no se movió de su sitio, se quedó allí, de pie mirando como William se acercaba a mi y me preguntaba si estaba bien.
Me toqué la frente y me giré hacía él.
-Sí, no te preocupes…, vayámonos ya por favor.
-¿Estas segura? –preguntó, y echó una ojeada a mis espaldas.
Seguí la dirección de su mirada y vi que Mathias había rodeado la cama y se encontraba a apenas unos pasos de nosotros. Retrocedí hasta chocar con William y cerré los ojos.
-Llama a Sara William, llámala y vayámonos.
-Kath… esta… -empezó.
-¡Sara! –chillé-. Sara vámonos, ven…
William asintió sin pronunciar palabra y me tomó de la mano. Unos segundos después Sara apareció en la habitación. Se había mantenido al margen desde que Mathias había entrado en el loft, pero la curiosidad brillaba en sus ojos, ella ansiaba tanto como yo volver a sentir al Mathias de antes, ansiaba ser abrazada por sus brazos otra vez. Aun y así, no se atrevía a acercársele ni un solo centímetro. Rodeó la habitación y se sentó a mis pies. Me agaché y la tomé en brazos, con un suspiro le dije a William que nos sacase de aquí.
Sentí como las lágrimas empezaban a aflorar por mis ojos y los cerré, me pregunté cuando me había vuelto tan débil. Me di cuenta de que había pronunciado la pregunta en voz alta cuando Mathias me contestó.
-No eres débil… tienes sentimientos. –Él mismo me había contestado a aquella pregunta años antes. Abrí los ojos y pude ver como avanzaba hacía mi y William, quien ya había empezado a tele-transportarnos-. No te vayas –dijo Mathias-. Tu sabes cosas, tienes respuestas a mis preguntas… quédate.
-Aquí no.. –me encontré diciendo-, te vigilan, y te controlan, estoy segura de ello.
-¿Entonces? –era como si el Mathias que había estado esperando hubiese vuelto, pero le delataban los ojos, negros como la noche, los de Mathias habían sido grises azulados.
-Cuando de verdad estés preparado y me necesites me encontrarás.
-¿Cómo? –preguntó alarmado, estaba segura de que había empezado a ver cómo nos desvanecíamos-. Yo no sé usar los poderes que dices que tengo, y mucho menos sé volar… por favor.
No había querido responderle, ni decirle nada, pero era una simple pista que tarde o temprano descubriría por si mismo.
-Sara –susurré, y el mundo empezó a girar a mi alrededor. Cómo odiaba teletransportarme…

No hay comentarios:

Publicar un comentario