jueves, 28 de abril de 2011

Un mundo de mentiras # Capitulo 6

Había sido una niña muy feliz en el pasado , mis padres lo habían dado todo por mí , todos me adoraban , tenía muchísimos amigos , todos me conocían en el barrio , y eso era lo que yo echaba más de menos , quería volver a sentir esa felicidad que tiempos atrás había sentido .
Escuché una puerta abriéndose , fue ahí que me desperté , pero algo estaba pasando conmigo , no podía abrir los ojos , no podía sentir mi cuerpo , y esa fue la peor sensación del mundo , quería abrir los ojos , me esforzaba para a conseguirlo , pero no podía , fue entonces cuando tuve ganas de chillar pero ... ni siquiera conseguía abrir la boca para hablar , y el odio se apoderó de mi , pero no había manera de expresar lo que estaba sintiendo .
- Amy... cariño ... - escuchaba mi madre hablando - despiértate , no te quedes así para siempre - la escuchaba entre sollozos - eres mi vida , si te vas yo me iré contigo , nunca te voy a dejar , pero por favor no te vayas ahora , aun es demasiado pronto , quiero volver a verte sonreír , quiero poder volverte a echar bronca... - fue ahí que se hundió en lagrimas , no entendía lo que estaba pasando y quería hablar , tentar tranquilizarla , pero no podía - ¿porqué lo has hecho Amy? ¿Cómo has llegado a este punto? ¿Que fue de esa niña pequeña , cariñosa , juguetona , que no se importaba de lo que los demás decían? Sabes... Violet me contó todo, me explicó que desde pequeña tuviste la obsesión de ser modelo, que Victoria os trataba mal a las dos - respiró hondo - ¿pero porque no me lo contaste? - ella estaba demasiado nerviosa , estaba chillando , estaba... completamente desesperada - yo tenía todo el derecho de saberlo , no te imaginas el dolor que siento dentro de mi por saber que nunca confiaste en mi , por saber que estabas sufriendo y yo nunca me di cuenta de eso - paró para llorar - me siento la peor madre del mundo cariño , perdóname , siempre he querido lo mejor para ti y nunca me paré para preguntarte si te encontrabas bien , si me necesitabas para algo , siempre quise ser perfecta y en realidad fui la peor , lo siento , lo siento mucho - solté una lagrima , apenas sentía algo frio correr por mi cara , pero no sabía a donde había ido , no tenía poder sobre mi cuerpo , es como si estuviese dentro de alguien desconocido - por favor quédate , no te vayas , no me dejes , eres lo mejor que tengo , por favor Amy ... por favor ...
Alguien más entró allí dentro.
- Cariño tranquilízate por favor - era la voz de mi padre.
- O lo siento chico durón , siento no ser una persona fría como tú , siento estar sufriendo porque mi hija está en coma - dijo chillando y esas palabras sonaron en mi cabeza una y otra vez , ¿EN COMA? , yo estaba... en coma .
- Kristen yo quiero a nuestra hija tanto como tú, ¿crees que no estoy sufriendo con esto? es lo más valioso que tengo en la vida , la amo , y no me puedes apuntar el dedo porque siempre lo di todo por ella - mi padre tenía una voz de cansancio y dolor.
Mi madre empezó a llorar fuerte.
- lo siento... - susurró .
- ven aquí - dijo mi padre
Mi mente en ese momento bloqueó y no pude escuchar nada más , por momentos pensé que me estaba muriendo , pero la verdad es que me había quedado dormida.

• El que no valora la vida no se la merece, y eso fue lo hice durante toda mi vida...

miércoles, 27 de abril de 2011

*Entre Sombras y Sentimientos # Capitulo 2

Lazos de amistad
Actualidad

Es increíble cómo pasa el tiempo. Ya habían pasado dos semanas desde que William me trajo a Monterey y para mí todo seguía tan igual que cuando llegamos. Mi apetito era el mínimo, y aunque nosotros no necesitásemos comer tanto como los humanos, dos días sin comer nada te convierten en una figura pálida como una estatua, y al igual que mi apetito, mis ganas de moverme del cómodo sofá de cuero de William eran más que mínimas.
-Oye… ¿en serio vas a quedarte ahí el resto del año? Hace un día precioso –se quejó William desde la cocina-. Por no mencionar que ni tocaste la comida. Sabes que esto no puede seguir así –dijo recostándose contra el marco de la puerta que separaba la cocina del salón.
-Lo sé –dije mientras me sentaba para dejarle un hueco-. Es solo que no tengo ganas de hacer nada. Sólo quiero olvidar, olvidarlo todo.
-Una vez –dijo William sentándose a mi lado y mirándome fijamente-, alguien me dijo que siempre es bueno recordar.
Le dediqué una sonrisa triste y recosté mi cabeza en el respaldo del sofá.
-Hace como dos milenios que te dije eso. ¿Cómo puedes recordarlo aun? –pregunté cerrando los ojos.
-Hay ciertas cosas que es imposible olvidar –fue todo lo que me contestó.
-Oye William –dije abriendo los ojos y mirándolo-, yo… puede que esto te suene muy cursi de mi parte, pero quiero darte las gracias por estar siempre ahí.
-¿Estas de coña? –preguntó serio-. ¿Cursi? Eso me suena mucho a humano o ángel. Creo que al enamorarte se te afectó el cerebro o algo –dijo en tono de burla.
-No seas tonto –dije negando con la cabeza y dándole un pequeño puñetazo en el hombro-. Sigo siendo yo, me siguen gustando las mismas cosas. Lo que ha cambiado para mí ha sido el mundo, ahora lo veo todo de una manera distinta, pero tu ya sabes eso –le dediqué una pequeña sonrisa.
-Pues… la verdad es que no lo sé –dijo William frunciendo el ceño-. Lo único que me dijiste cuando me presentaste a Mathias fue que era tu novio y que tenías que marcharte de inmediato de América. ¡Te fuiste a Europa sin más! No sé cómo lo ves todo ahora. Después volviste a aparecer, bueno, apareció Sergio, y me pedías ayuda. Después vino la batalla y yo sin enterarme de la mitad de lo que pasaba…
-Sé que te debo una explicación… -le interrumpí-, per…
-No te estoy pidiendo una explicación –me cortó él-. Ni mucho menos. Lo que hiciste por mí no es ni la mitad de lo que yo he hecho hasta ahora por ti, y… no sé, es raro, y hay algo que no comprendo en medio de todo esto…
-¿Qué es…?
-Es una tontería, pero me pregunto una y otra vez cómo pudiste enamorarte de un ángel. No te enfades –se apresuró a decir-, es solo que… te conozco demasiado, sabes cómo eres, tu carácter, ya sabes… siempre pensé que te enamorarías, incluso hubo un tiempo en el que esperaba que lo hicieras de mi…
-Sí, lo recuerdo… –dije con una sonrisilla-, fue…
-…embarazoso, lo sé, pero volviendo al tema, tu odiabas a los ángeles más que nadie, como… ¿cómo sucedió?
-¿De verdad quieres saberlo? –pregunté con curiosidad-. Es una historia bastante aburrida de hecho.
-Si la cuentas tú dudo que sea aburrida –dijo William acomodándose a mi lado.
La verdad es que no estaba muy segura de si contarle todo o no. Eso solo le metería en más problemas, pero quería contárselo a alguien, necesitaba hacerlo ahora que Mathias ya no estaba conmigo.
-Bueno, es entretenida…
-¡Claro que lo es! –dijo emocionado-. Salgo yo ¿recuerdas? Cualquier relato donde salga mi nombre es entretenido.
-Eres un creído –dije apoyando mi cabeza contra su hombro y sonriendo-. Pero juegas un gran papel en mi vida y lo sabes, gracias por todo.
William se revolvió en el sofá haciendo que me apartase de él y le mirase.
-No vuelvas a hacerlo –dijo en tono amenazador pero burlón al mismo tiempo.
-¿El qué? –pregunté.
-Darme las gracias –dijo-. Eso es muy angélico, y humano, ya te lo he dicho... Recuerdo que antes, cuando solías dar las gracias, tenías algún malvado plan en mente… y sabes cómo temo tus planes.
-William… -dije en una carcajada-. No seas tonto. No planeo nada. Si lo estuviese haciendo ya lo sabrías.
-Ya, claro –dijo volviendo a acomodarse a mi lado-. Bueno, ¿me contarás vuestra increíble historia de amor o no?
Recosté de nuevo mi cabeza contra su hombro y empecé a contarle la larga historia que llevaba dos semanas intentando olvidar.
-Hacía como una semana que llevaba siguiendo a un humano. No estoy muy segura de porque lo hacía, había algo en aquél muchacho que me llamaba la atención. Recuerdo que lo que me hizo fijarme en él fue la manera en como le decía a su novia que quería cortar. Es algo estúpido, lo sé, pero la manera en como le decía con todas las letras que no la quería ver más fue impresionante. –solté una pequeña sonrisa-. Sabes que soy posesiva, en cuanto vi su determinación pensé que quería tenerlo. Al menos una vez, me daba igual, yo tendría que tenerlo. Así fue como me pasé una semana entera siguiéndole. Se llamaba Ethan Smith y era muy independiente. No le daba explicaciones a nadie, un buen parido. El día en que le conocí personalmente se mostró muy amable, un completo Don Juan con las mujeres, aunque su encanto conmigo no era necesario. Nos pasmos más de mitad de la noche en la discoteca, y cuando le dije que me iba se ofreció para acompañarme a casa...

miércoles, 20 de abril de 2011

*Entre Sombras y Sentimientos # Capitulo 1

Un encuentro inesperado
Actualidad

Me sentía confundida, fuera de lugar y estúpidamente impotente. ¿Qué se suponía que haría ahora? ¿Correr hacia él y hacer como si nada hubiese pasado? No, eso sería demasiado, ni siquiera me había hecho aun a la idea de que no había muerto de verdad, pero… resultaba tan raro, lo había sostenido entre mis brazos, apenas unos segundos pero lo había tenido allí, inerte, en mis manos.
Ladeé la cabeza hacía un lado y me levanté. ¡Algo tendría que hacer! Empecé a caminar hacia el salón, pero en cuanto di unos pasos Sara saltó de la cama y se colocó delante de mío. Así que había más, pensé.
Y no estaba equivocada, Sara tenía algo más que enseñarme. Me concentré en ella y poco a poco me dejé fluir por su mente. Me pregunto cómo habría podido cuidar y entender a Sara si no tuviese el poder de la telepatía. Era algo raro meterse en la mente de un ghul de otra persona, porque siempre acababas recibiendo pensamientos y sensaciones tanto de la persona como del ghul, lo que al final acababa por ser molesto y daba fuertes dolores de cabeza.
En la mente de Sara sólo había una única imagen, y la verdad no era la imagen que esperaba ver. Era yo… de pie mirando hacía Sara sentada a mis pies. Comprendí entonces que veía a través de los ojos de Mathias, quien estaba a apenas unos pasos de mi. Hacía tanto tiempo que me había acostumbrado a su presencia que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba en la misma habitación. Cerré los ojos con fuerza y rompí el lazo que Sara había atado entre mi mente y la de Mathias. Quería verle, quería tocarle, y estaba a punto de hacerlo, estaba a punto de echar a correr hacía sus brazos y abrazarlo, pero su expresión me detuvo. Estaba distinto, sus ropas no desprendían aquella libertad de antes, y su expresión era fría y calculadora, como si estuviese a la espera de que yo o Sara le atacásemos, pero eso no fue lo que más me inquietó, lo fueron sus ojos. Aquél gris azulado que brillaba siempre en su iris había desaparecido y le remplazaba un intenso negro.
Me quedé como paralizada mirándolo a la cara, y tarde advertí que se aproximaba blandiendo su espada angélica. Apenas tuve tiempo de apartarme de la trayectoria de ésta cuando ya volvía a atacarme. Salté hacía atrás y le miré atónita, aunque lo que más me sorprendía era su mente, vacía de todo tipo de recuerdos. Seguí retrocediendo ante sus ataques, hasta que choqué contra la cama de la habitación. Aunque intentaba controlarme, la rabia empezó a aflorar por mí, y aunque sabía que aquél no era el Mathias que yo había conocido, no pude aplacar las ganas de devolver todos y cada uno de sus ataques. Alcé la mano abierta hacia arriba, y cuando la cerré sujetaba mi espada.
-Yo que tu no daría ni un paso más –dije alzando la espada en su dirección.
-¿Por qué pequeña? –preguntó con una sonrisa que me heló la sangre-, ¿me matarás?
-Me has subestimado una vez –dije lo más fríamente posible-. No lo vuelvas a hacer.
Por un momento la duda se asomó por su rostro, pero enseguida su rostro esbozó furia.
-No juegues conmigo –dijo avanzando con su espada en alto. Estaba a una buena distancia de mí, pero nuestras espadas casi se tocaban-. Me advirtieron sobre lo que puedes hacer, así que ni se te ocurra meterte en mi cabe…
-¿Y no te contaron lo que puedes hacer tu? –pregunté enrabiada-, ¿no te contaron lo que puedes hacer tu?
-¡Cállate! –me chilló mientras dejaba su espada caer y desvanecerse y se llevaba las manos a la cabeza.
Le miré algo sorprendida, pero en apenas segundos entendí que le pasaba. Su mente era un enorme hervidero. Había recuerdos vagando de un lado a otro, y también órdenes que resonaban una y otra vez.
"Eres una nueva generación de lo que somos nosotros."
"Tu misión es exterminarlos a ellos sin miramientos."
"Sabemos que puedes hacerlo."

Sacudí al cabeza y le miré atónita. ¿Qué le habían hecho? ¿Quién era él? Antes había advertido que estaba diferente, bastante diferente, pero la cosa era peor de lo que había pensado. Le habían borrado los recuerdos, y le había hecho como… ¿un lavado de cerebro? Aquí había algo más que un simple cambio por parte de Mathias, además… yo le había visto ¿morir?
Oh mierda, ya no estaba ni segura de lo que había visto con mis propios ojos… aunque… su poder era distinto y él podría muy bien haberse… no, eso era imposible, pero a fin de cuentas él no había muerto del todo. Tal vez si me hubiese quedado con él, y hubiese intentado usar su poder con él…
Me sacó de mi ensoñación el repentino aleteo de las alas de Sergio, quién acababa de entrar velozmente en la habitación y desde el suelo a mis pies miraba fieramente a Mathias, quién había recuperado su espada y amenazaba con volver a atacarme.
-Sergio no lo hagas… -dije alzando una mano. Sergio era un buen controlador de mentes, y aunque yo no pudiese controlar la de Mathias, él si podía hacerlo. Pero claro, Sergio nunca desobedecería una orden mía, a menos que encontrase que era sumamente importante hacerlo.
Mi espada se había desmaterializado sin que apenas me diese cuenta, pero ya no me importaba, seguía teniendo mis poderes y Mathias siempre había sido mejor espadachín que yo así que no me servía de mucho la espada.
Sergio alzó vuelo y se posó sobre mi hombro, enterró su pico en mis cabellos y maneó dos veces la cabeza.
Mathias seguía con la mirada fija en mí y en Sergio, y su expresión era de total desconcierto. Alcé una mano y la coloqué ante mi hombro. Sergio se subió a mi dedo índice y me miró.
-Tranquilo, no pasará nada, tu protégete lo mejor que puedas y vuela lo más rápido que puedas. Encuentra a William. Él es el único que puede sacarme de aquí y llevarme lejos. Nos vemos en su casa…corre.
Sergio salió volando por la ventana de la habitación antes de que siquiera Mathias pudiese verlo hacerlo, pero en cuanto Mathias se dio cuenta de que yo volvía a estar sola, volvió a atacarme. Salté hacía atrás, y aterricé sobre la enorme cama que reposaba en el centro de la habitación, Mathias volvió a atacar, y yo volví a saltar. Mis pies tocaron el suelo justo cuando su espada cayó sobre el colchón, y las plumas volaron por los aires.
Alcé las manos hacía adelante, como diciéndole que estaba desprovista de cualquier tipo de arma, y mirándole a los ojos le pregunté quién era.
Mathias alzó su espada hacía mí, y aunque estaba del otro lado de la cama la espada quedó a apenas unos centímetros de mi rostro, tan cerca que incluso podía sentir el calor que emanaban las llamas azules que la lamían.
-No intentes jugar conmigo –susurró-. No juegues conmigo.
-Mathias yo… -me arrepentí al momento de haber pronunciado su nombre, pero ya era demasiado tarde-, yo no estoy jugando contigo. Es cierto que puedo ver todo lo que piensas, que puedo borrar y crear recuerdos en tu mente, también puedo obligarte a hacer cosas por mi… pero hace tiempo que no te manipulo.
La espada tembló en su mano y unos segundos después desapareció.
-¿Cómo sabes mi nombre? –preguntó sorprendido-. ¿De qué me conoces?
-Yo… -estaba dispuesta a empezar un largo relato, el largo relato de nuestra historia, todos los viajes, peleas, discusiones, y sobre todo, las sorpresas de reconciliación, todo… pero no podía, no ahora, ni en ése lugar, y mucho menos en aquellas condiciones.
Agradecí la triunfal entrada de William en ése momento, porque de no haber sido su presencia ya me habría echado a llorar. Mathias seguía esperando una respuesta por mi parte, podía sentir cómo se impacientaba cada vez más, y como se debatía consigo mismo. ¿Atacarme o no atacarme? Ésa era la cuestión que vagaba por su mente. Sentía que me reconocía de algo, y aunque no supiese mi nombre ni nada sobre mi, había algo dentro de él que me reconocía, pero las ordenes en su mente eran claras, y hacían un fuerte contraste ante el recuerdo de mi.
Al ver a William aparecer de la nada, se pudo alerta, pero no se movió de su sitio, se quedó allí, de pie mirando como William se acercaba a mi y me preguntaba si estaba bien.
Me toqué la frente y me giré hacía él.
-Sí, no te preocupes…, vayámonos ya por favor.
-¿Estas segura? –preguntó, y echó una ojeada a mis espaldas.
Seguí la dirección de su mirada y vi que Mathias había rodeado la cama y se encontraba a apenas unos pasos de nosotros. Retrocedí hasta chocar con William y cerré los ojos.
-Llama a Sara William, llámala y vayámonos.
-Kath… esta… -empezó.
-¡Sara! –chillé-. Sara vámonos, ven…
William asintió sin pronunciar palabra y me tomó de la mano. Unos segundos después Sara apareció en la habitación. Se había mantenido al margen desde que Mathias había entrado en el loft, pero la curiosidad brillaba en sus ojos, ella ansiaba tanto como yo volver a sentir al Mathias de antes, ansiaba ser abrazada por sus brazos otra vez. Aun y así, no se atrevía a acercársele ni un solo centímetro. Rodeó la habitación y se sentó a mis pies. Me agaché y la tomé en brazos, con un suspiro le dije a William que nos sacase de aquí.
Sentí como las lágrimas empezaban a aflorar por mis ojos y los cerré, me pregunté cuando me había vuelto tan débil. Me di cuenta de que había pronunciado la pregunta en voz alta cuando Mathias me contestó.
-No eres débil… tienes sentimientos. –Él mismo me había contestado a aquella pregunta años antes. Abrí los ojos y pude ver como avanzaba hacía mi y William, quien ya había empezado a tele-transportarnos-. No te vayas –dijo Mathias-. Tu sabes cosas, tienes respuestas a mis preguntas… quédate.
-Aquí no.. –me encontré diciendo-, te vigilan, y te controlan, estoy segura de ello.
-¿Entonces? –era como si el Mathias que había estado esperando hubiese vuelto, pero le delataban los ojos, negros como la noche, los de Mathias habían sido grises azulados.
-Cuando de verdad estés preparado y me necesites me encontrarás.
-¿Cómo? –preguntó alarmado, estaba segura de que había empezado a ver cómo nos desvanecíamos-. Yo no sé usar los poderes que dices que tengo, y mucho menos sé volar… por favor.
No había querido responderle, ni decirle nada, pero era una simple pista que tarde o temprano descubriría por si mismo.
-Sara –susurré, y el mundo empezó a girar a mi alrededor. Cómo odiaba teletransportarme…

viernes, 15 de abril de 2011

Un mundo de mentiras # Capitulo 5

Algunos meses pasaron, no me acuerdo muy bien de quanto tiempo fué, pero la verdad es que llegué a los 37 kilos. No tenía ganas de estudiar, no quería comer porque la comida me daba asco, muchisimo asco. Vomité veces sin cuenta, y en realidad me sentía bien con mi cuerpo, para mí en aquel momento había llegado al peso cierto, no me importaba lo que dijeran los demás o que numero marcaba la balanza , para mí yo estaba más que bien así , aún que me sentía un poco rara , el dolor de garganta cada dia era mas fuerte y un dolor de estomago tremendo . Me habían recetado mil y un medicamentos pero ninguno entraba en mi boca porque yo no lo permitia. Anorexia , Bulímia , le podían llamar lo que quisieran porque yo no me creía en esas tonterías , todas las modelos hacían lo mismo que yo , y ahora lo unico que faltaban eran mis 18 años y luego podía ser feliz , seguir mi sueño , todo iba a ser perfecto... o no .

Abrí los ojos, una luz enfocaba mi rostro y enseguida volví a cerrarlos, tenía una sensación muy buena dentro de mi, como si no sintiera cualquier tipo de dolor, como si estubiese entre el sueño y la realidad o quizás... entre la vida y la muerte. Y enseguida sentí algo extraño dentro de mi , algo estaba cambiando y ya no podía abrir los ojos , no aconseguía respirar por mucho que tuviera en mi boca esa mascara . Alguien chillaba y podía jurar que era mi madre.
"NOOOO MI NIÑA NOOOO" podía casi sentir el dolor que ella tenía, su voz venía junta de odio y de lágrimas.
Empecé a sentir mi cuerpo ardiendo, por mucho que intentara no aconseguía respirar, mi cuerpo empezó a dar pequeños saltos con esperanza a que eso me ayudara a encontrar aire.
"Estamos perdiendo su pulsación" decía un hombre, lo podía sentir bien cerca "aguanta pequeña" estaba segura de que esas palabras iban hacia mi, fue entonces que deseé despertar de aquella pesadilla en la cual me encontraba , y por más que me esforzara no lo aconseguía...
"AMYYYYYYYYYY" fue la ultima cosa que pude escuchar.

lunes, 11 de abril de 2011

*Entre Sombras y Sentimientos [Prólogo]

Me acomodé en el sillón que había delante de la enorme cama que ocupaba de la habitación y tomé el libro que descansaba en el suelo. Crucé las piernas por debajo de mi cuerpo y abrí el libro mientras me acomodaba. Alcé la mirada un momento hacía la enorme cama que tenía delante y me encontré a Sara mirándome fijamente. Sentí que mi cuerpo se paralizaba y el libro resbalaba por mis manos hasta golpear el suelo con un golpe sordo.
Después de la batalla había vuelto al maravilloso loft que Mathias había reservado para nosotros en el Hudson hotel, y desde aquello primeros días no había conseguido ni una sola vez que Sara se subiese a la cama. Lo había intentado durante dos meses, y ella siempre lograba escaparse de mis brazos mediante lloriqueos, arañazos y todo lo que estuviese a su alcanzo. Unos meses después había dejado de intentarlo, pues al arañarme todo el brazo me había dejado claro que no volvería a meter sus patas en ésa cama a menos que Mathias volviese. Apenas habíamos pasado una noche juntos en el loft, pero para Sara aquello se había convertido en su casa. Sergio y ella se llevaban bastante bien, incluso mejor de lo que pensaba que lo harían después de la batalla. No era muy normal que un cuervo y una gata hiciesen buenas migas, Sergio era como un guardián de la oscuridad, y bueno, Sara era como una (entre muchas) una princesa del cielo.
Había tardado seis meses en atreverme a darle un vistazo a la mente de Sara, lo que, para mi especie se consideraba u rebajamiento enorme, pero tanto ella como Sergio como Mathias eran mis debilidades. Al introducirme en la mente de Sara esperé recibir un contacto directo con la mente de Mathias, lo que ocurría siempre, pero aquella vez no funcionó, y Sara solo sentía una enorme sensación de vacío y abandono. Ése fue el día que asumí completamente que Mathias ya no volvería, me equivoqué.