jueves, 25 de noviembre de 2010

*Entre Mundos...

A lo lejos te veo, y cuando tus ojos se encuentran con los míos y sonríes, el corazón se me dispara. Te acercas y vuelves a sonreír. Tus manos se posan en mi cintura y las mías en la tuya. Dejas dos cariñosos besos en mis mejillas y para mí, todo desaparece y solo existimos tu y yo en el mundo. Pero entonces te apartas, tienes que hacerlo. Me miras y me preguntas que tal con una sonrisa. Te contesto, aunque son prestar demasiada atención a lo que digo, ya que mis ojos están fijos en tus labios y los míos ansían besar los tuyos. Pero me repito a mi misma una y otra vez que no puedo, que va contra las reglas… y también porque hay barreras que no me dejan acceder a ti. Tus manos se alejan de mi cintura y me veo obligada a hacer lo mismo, pero mi cerebro se desespera al pensar que ya no te volveré a tocar. Como si pudieses leerme la mente, me coges de la mano y me das un cariñoso apretón. Mientras seguimos hablando tus dedos trazan pequeños círculos sobre mi mano. Eso me calma, ya que hace que volvamos a estar solo en el mundo, pero cuando escucho la risa de un niño que pasa por la acera continua, vuelvo a la realidad de golpe, miro nuestras manos y nos soltamos los dos al mismo tiempo. Empezamos a caminar sin rumbo definido y acabamos sentados en un banco o sobre la hierba de un parque o sobre la hierba de un parque. Disfrutamos de horas y horas hablando mi mundo está completamente iluminado, porque estoy a tu lado y nadie más que tú me hace feliz. Hay momentos, en que te quedas mirando a la nada y me pregunto una y otra vez en qué estarás pensando, y cuando menos lo espero me miras. Una sonrisa se asoma por la comisura de tus labios y nuestras manos vuelven a encontrarse a hurtadillas y, aunque sé que está mal, aunque sé que no debemos, en cuanto tu mano toca la mía, me es imposible soltarte. Sé que puede que acabemos malheridos los dos, pero ya no me importa, porque te quiero, aunque no sea capaz de decírtelo.
Las horas pasan y se acerca la noche, sé que pronto tendré que dejarte ir, pero no quiero, no soporto la idea de dejarte ir, aunque tienes que hacerlo. Entonces, cuando menos me lo espero escucho un cañonazo, el sonido de tu partida. Nos levantamos y cuando levanto la vista me encuentro con tus preciosos ojos castaños, que a la luz del crepúsculo se vuelven negros, clavados en mi cara. Me gustaría decirte muchas cosas, pero no puedo, eso sólo traería más problemas. Entonces, posas tus manos en mis hombros, y antes de que siquiera me dé cuenta, estoy entre tus brazos. Es la primera vez que lo haces, y estoy segura de que habrá consecuencias para ambos, pero el simple tacto de tus manos contra mi espalda y el dulce olor que desprende tu cuerpo me embargan y pierdo la noción del tiempo. Te devuelvo el abrazo y entierro mi cara en el pequeño hueco de tu cuello. No quiero que te vayas. Sin embargo, nos apartamos el uno del otro, sacas algo de tu bolsillo y lo dejas en mi mano. Vuelves a depositar dos dulces besos en mis sonrojadas mejillas y me susurras un cuídate al oído, te das la vuelta y te alejas. En cuanto desapareces en el horizonte miro lo que dejaste en mi mano y sonrío. Un llama Ángeles…

1 comentario:

  1. Hola Angela¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    amiga, te puedo llamar de ese modo?, bueno solo me paso por aqui y me interese por tu blog, y leo...me encanto, un bello relato, no se donde seguira pero definitivamente pienso leer mas¡¡¡¡¡
    bueno, pues ya sabes tienes otra lectora en quien confiar, aunque claro esta voy muy atrazada puesto que acabo de empezar.
    y mas coincidencias mi seudonimo es Angela¡¡¡¡¡
    y tambien me encanta Cazadores de sombras¡¡¡
    y Jace claro esta¡¡¡¡¡¡
    bueno, muchos saludos, te invito a seguirme a mi blog
    http://angela-losojosventanadelalma.blogspot.com/
    mucha suerte¡¡

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