jueves, 25 de noviembre de 2010

*Entre Mundos (2ª parte)

Ya han pasado dos semanas y nada. Cada vez que salgo de casa tengo la sensación de que alguien me vigila, de que los vigilantes me siguen, pero cuando miro atrás, no hay nada, espero que solo sean imaginaciones mías.
Llevo el collar que me regalaste bien agarrado a mi cuello, y aunque está prohibido llevarlo en los campos, soy incapaz de quitármelo.
Ayer te estuve esperando, allá, donde siempre nos encontramos, donde me encontraste, donde nos conocimos... Hacía frio, y como no venías decidí ir a buscarte. Sin saber a dónde me dirigía bajé por la calle por donde siempre desaparecías. Caminando entre calles y más calles, por primera vez la vi, la gran valla de la que me hablaste. Fui incapaz de acercarme, pero me escondí y estudié a los que la vigilaban. Aunque hablaban entre ellos ninguno dejaba de mirar hacía el poblado, ¿esperando un ataque por nuestra parte? ¿Esperando una señal?, no sé, pero fuese para lo que fuese ellos estarían preparados. Empecé a retroceder, solo quería poner distancia entre esa verja y yo, entre esa gente y yo, pero algo llamó mi atención. Un niño, un pequeño e inofensivo niño venía caminando por el medio de la calle. Me horroricé al ver las expresiones de los vigilantes, miraban a la pobre criatura como si fuese una amenaza. Me quedé petrificada cuando advertí que uno de los vigilantes alzaba un arma. Me congelé donde estaba e sin que siquiera pudiese decir una palabra el vigilante disparó. El niño cayó al suelo y yo retrocedí. Me quedé como unos minutos petrificada contra la pared de una casa. Miré al pobre niño, llevaba una sonrisa en sus labios, e si no fuese por la sangre que le brotaba del pecho se podría decir que dormía. Tenía una mano extendida y de esta cayó un pequeño coche de juguete. El juguete ando por la calle y se paró justo a mi lado. Me agaché y lo recogí del suelo. Entonces empecé a escuchar voces, y personas que gritaban. Salí corriendo de allí lo más discretamente posible. Cuando llegué a casa estaba empapada por la lluvia, de de mis ojos salían lagrimas sin cesar. Ethan intentó hablar conmigo, pero me encerré en mi habitación y solo salí esta mañana para dirigirme a los campos. Esa noche no pude dormir, aferrando el collar que me regalaste y el pequeño coche del niño lloré toda la noche hasta que salió el sol. Una y otra vez en mi cabeza veía la imagen de aquel pobre niño caer al suelo, y me pregunté una y otra vez en que tipo de mundo vivo...¿dónde estás?

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